Ayuda al Suicida

Dios salva y libera, realiza signos y prodigios en el cielo y sobre la tierra (Dn. 6,28)

 

Algunos elementos a tener en cuenta

 

Los estados del proceso del suicida

Antes de consumarse el hecho, casi siempre se suceden los siguientes estados en los depresivos suicidógenos, si nos basamos en uno de los casos consumados más típicos:

Primer estado

Aparece latente la crisis, surgen la depresión, el aislamiento, la pérdida de rendimiento, la falta de voluntad. La persona se levanta desmotivada y sin sentido, le pesa el día, no sabe cómo enfrentarlo, no encuentra que hacer, tiene insomnio, ideas de ruina y culpa patológica.

Ya no tiene la voluntad o el placer para llevar adelante su tarea diaria, se encuentra desgastada. Al final de la jornada, se reanima porque le alivia refugiarse en su dormitorio. Surge en el individuo la primera idea de suicidio que lo sorprende a él mismo. Generalmente, su reacción es oponerse. Luego empieza a interiorizarse por los medios masivos de comunicación de que otras personas lo consumaron. Estas noticias lo llevan a pretender la idea de suicidio aun sin ser en él una decisión firme.

Segundo estado

La idea va tomando cuerpo. No ve ninguna otra salida, empieza a sentir que la muerte es la solución más expeditiva. Generalmente, si se le pide que luche por salir, y que se levante, si se le afirma que vale la pena superar ese estado, lo único que se provoca en él es un sentimiento de culpa que lo irrita aún más. Se presenta una marcada alteración del juicio crítico. Sus pensamientos e ideas no se revierten en la confrontación lógica. Existe una pérdida de la relación de causalidad y, según autores franceses, una alteración de conciencia de tipo ético-temporal. Si su fe como creyente no es purificada, puede llegar a sentir que ni siquiera es digno del perdón de Dios.

Luego maquina el método, lugar y momento para quitarse la vida. En este estado se encuentra muy ansioso y es cuando realmente da avisos premonitorios de lo que proyecta. El uso de medicación antidepresiva en esta etapa requiere gran precisión y encierra inevitables riesgos, ya que por su efecto desinhibitorio puede favorecer el denominado acting out (de los autores norteamericanos), en el cual la persona impulsivamente se descontrola y comete el suicidio (especialmente constatado en la enfermedad bipolar y en la melancolía inhibida, lo que constituye una indicación cuasi-absoluta de internación).

Normalmente, unos seis meses antes de suicidarse, el 40% lo comunica al médico, psicólogo o sacerdote y el 80% lo da a conocer a la familia o allegados, pero estos avisos generalmente no son tenidos muy en cuenta, pues se piensa que nunca podrán concretarse. La persona se reafirma desgraciadamente en su idea de que a nadie le importa que él siga existiendo.

Cabe destacar que, a veces, no existe tal comunicación ni lazos familiares y que puede haber limitaciones económicas para acceder a una psicoterapia o subestima de su importancia.

Tercer estado

La tranquilidad, la calma antes de la tormenta. Ya está decidido el cómo, cuándo y dónde lo va a realizar. Esto produce en el sujeto un inmenso alivio porque siente que encontró salida a su situación. Ve en la muerte su liberación absoluta. Ordena los últimos detalles de su vida, quizá pague algunas cuentas, visite familiares y amigos que no ha visto en mucho tiempo. Esta es la señal del último adiós a pesar de que la apariencia que muestra es la de haber superado todos sus problemas. Esta es la etapa de mayor peligro y es la más difícil de detectar por ser tan sutilmente engañosa. Las estadísticas indican que puede producirse alguna conducta fatal entre 2 a 6 meses después de recibir el alta médica, cuando todos piensan que la persona ha superado sus crisis.

A la luz de la fe

 

¿Qué hacer?

Jesús ha venido para que tengamos "vida y vida en abundancia" (Jn. 10, 10). Nos ha dicho que Dios no quiere la destrucción sino la vida, porque el es Dios de vivos, no de muertos (cfr. Mc. 12, 27).

Jesús siempre transmitió el rostro misericordioso del Padre, dando hospitalidad hasta en el momento de su suplicio en la cruz: a quienes lo crucificaban, a la madre y al discípulo, al ladrón...

Transmitamos siempre nosotros el verdadero rostro del Padre que el Hijo anunció y defendió a capa y espada. Y aunque el suicidio no está bien, no porque Dios lo prohíbe, sino porque no es bueno Dios lo prohíbe (Kant), siempre conviene preguntarse si un Dios que perdona hasta a quien lo mató, ¿no perdonará a los que se matan?

Dejémonos escandalizar por la misericordia divina que rompe nuestra lógica. Que nuestro acompañamiento a quienes se encuentran con un suicidio en su familia sea: sincero, prudente, oportuno, clarificador, como lo haría Jesús.

Factores desencadenantes

 

Por distintos factores una persona puede llegar a la idea de suicidio y más aún ejercer una acción suicida para terminar con su vida. Estos pueden ser:

 

Sociales

Psicológicos

Patológicos

Biológicos

Clínicos

Demográficos

Historia Familiar

Triángulo letal

Motivantes Agudos

Factores Sociales

Durkheim, en su obra El suicidio, ha descrito tres tipos de suicidios vinculados con las relaciones sociales:

La conducta suicida más frecuente tiene lugar después de una ruptura social importante, como el divorcio (suicidio anómico).

Hay personas que conciben la idea de suicidio para salvar el honor familiar o personal o para que otros no se hagan cargo de su persona (suicidio altruista).

Después están los que piensan que nunca estuvieron integrados a la sociedad y que no pertenecen a ella (suicidio egoísta).

Los estilos de la vida moderna: la cultura llamada “light”, el consumismo exasperado, la falta de autoridad, la fácil manipulación, la falta de valores y referencias, los graves desarraigos, la disolución familiar, un avasallador tecnicismo productor, la ausencia de significatividad religiosa, la sexualidad deshumanizada, el alto grado de agresividad... arrastran a conductas autodestructivas.

Agresiones contra la propia vida

 

El ser humano manifiesta diferentes tipos de agresiones:

 Acciones heteroagresivas: son aquellas que están dirigidas contra otra persona o grupo.

 Acciones autoagresivas: son las que están dirigidas contra uno mismo. Estas, a su vez, pueden clasificarse como autodestructivas indirectas y directas.

Las acciones autodestructivas indirectas están caracterizadas por emprender riesgos que hacen peligrar la vida. Repetidas inconscientemente _conductas_ llevan fácilmente a la autodestrucción del individuo. Los excesos en fármacos, alcohol y tabaco, la anorexia, el consumo de droga, las negligencias en salud, los deportes de altísima peligrosidad... están en la base de estas conductas, que pueden ser reflejos de graves carencias, desarraigos y estados emocionales alterados, o de un cuadro psicopatológico que hay que diagnosticar adecuadamente, y que exigen interpelaciones comunitarias.

Las acciones autodestructivas directas comprenden los gestos pseudosuicidas, intentos de suicidio, y suicidios consumados. Cuando es improbable que los planes y las acciones autoagresivas tengan ‚éxito, contra la propia vida, estamos ante gestos suicidas que son de naturaleza predominantemente histérica y comunicativa.

El intento de suicidio es el resultado de un fuerte deseo de poner punto final a una situación permanente o repentinamente traumática, compleja y angustiosa; a su vez encierra un grito de auxilio en busca de ayuda. Es un acto que si no llegó a ser mortal es probablemente porque la intención autodestructiva era leve, vaga o ambigua; también por existir una falla en su realización.

Sin embargo, en ningún caso ese intento debe tomarse a la ligera y connota una urgencia psiquiátrica, ya que sus autores requieren ayuda y tratamiento porque estadísticamente parece resultar que el 20% de los que intentaron suicidarse lo vuelven a hacer en el término de un año, el 50% en el transcurso de 5 años. Según la Organización Mundial de la Salud por cada suicidio consumado se deben computar por lo menos 20 intentos.

 

 

La violencia / Agresividad

La violencia es uno de los problemas que nos interesa dado su extraordinario aumento en esta ultima parte del siglo XX, siendo imperiosa la necesidad de prevenirla y controlarla dado que el incremento que se viene observando año tras año es alarmante.

Ya lo refleja la carta que Freud envía a Einstein en 1938 donde le comentaba: “No es probable que nosotros seamos capaces de suprimir las tendencias agresivas de la humanidad”.

La violencia es un síntoma que puede ocasionar daños a veces irreparables para la vida humana, tanto para el actor como para la víctima, robos, incendios, heridas, homicidios, daños psíquicos; o lesiones contra sí mismo; como conductas suicidas o para suicidas.

La mayoría de los trastornos psíquicos llevan al aislamiento social del enfermo, la disminución en su rendimiento de las tareas laborales, fatiga, ausencia de proyectos , etc., afectando en forma individual a la persona que lo padece. En cambio cuando el síntoma es la VIOLENCIA, se puede llegar a producir pérdidas irreparables, agravadas en el hecho de que muchas veces son conductas impulsivas, difíciles de prever, si no se tienen en cuenta en forma anticipada. De allí la importancia de su detección precoz y rápido tratamiento. En la Argentina las tres causas de mortalidad más frecuentes en la ADOLESCENCIA y JUVENTUD están vinculadas a la VIOLENCIA.

Los ACCIDENTES (11% del total de defunciones) HOMICIDIOS (7,7%) y SUICIDIOS (4,5%) TOTALIZANDO en conjunto un 24,1% (Programa Nacional de Salud Integral del Adolescente, Ministerio de Salud y Acción Social, Argentina 1993.) Es decir que ¼ de las muertes en la juventud son como consecuencia de la VIOLENCIA y podrían ser EVITADAS.

Si bien la agresividad es un instinto normal que permite la sobrevida y la lucha por el progreso social, cuando se dirige excesiva y muchas veces BRUTALMENTE hacia los demás o hacia si mismo hiriendo en algún aspecto, CONSTITUYE un acto de VIOLENCIA. Las formas de expresión de la violencia van desde la ACTITUD (hostilidad, desprecio, miradas o gestos); de la PALABRA (frases, amenazas, insultos) y CONDUCTAS (agresiones físicas hacia objetos, animales o personas), o SEXUALES (sometimiento, violaciones, etc.)

Son también conductas agresivas las fugas, la negativa sistemática, el faltar a una cita, o aquellas acciones por omisión, por no tener en cuenta a los demás, pueden herir emocionalmente y causar un daño psicológico, que suele ser mas grave en la medida que sean continuas y reiteradas.

Ante un hecho de VIOLENCIA GRAVE (HOMICIDIO O SUICIDIO) es frecuente encontrar cuando se realiza una pormenorizada investigación clínica, ANTECEDENTES de conductas agresivas, reiteradas en la vida de la persona, algunas veces con antecedentes en su historia personal o infantil. Aquellos niños que maltratan a los animales, por Ej., están evidenciando una tendencia a la violencia que de continuarse puede llegar a hechos delictivos en el futuro.

La VIOLENCIA se encuentra asociada frecuentemente a determinadas características personales, como la IMPULSIVIDAD (personas con escasa tendencia a la reflexión, o a medir las consecuencias de sus conductas) y se manejan en su cotidiano vivir a través de impulsos, suelen ser irritables, con poca tolerancia hacia los demás, con INESTABILIDAD EMOCIONAL, oscilando en su estado de humor varias veces en el día, predominando un fondo de mal HUMOR, con DISMINUCION de la AUTOESTIMA, no estando conformes consigo mismos, con sentimientos de inferioridad frente a los demás, con gran INTOLERANCIA a las frustraciones, no tolerando las pérdidas por mas insignificantes que fuesen, REACCIONANDO en forma VIOLENTA ante estas situaciones.

La VIOLENCIA puede ser ejercida para si mismo, a través de conductas autodestructivas (lesiones, suicidio, parasuicidio)o hacia los demás, (criticas negativas, insultos, calumnias, burlas, robo, incendio, lesiones homicidio) o ambos a la vez como en el caso de homicidio seguido de suicidio.

¿Como ayudar?

Es común que ante la amenaza de suicidio de una persona alguien, como un amigo, un vecino o un familiar, intenten hacer algo por esta persona. He aquí algunas sugerencias que deben practicarse ajustándose a cada caso particular:

Lo que se sugiere para ayudar:

 Establecer relación y comunicación abierta.

 No esquivar el problema.

 No dejar nunca sola a la persona.

 Reafirmar su identidad (pronunciar su nombre, sus capacidades para superarse...).

 Confirmar que hay otros que la quieren y desean ayudarla.

 Demostrar que a usted le importa su persona (ya que lo eligió para confiarle este grave asunto).

 Ayudarla a corregir el problema que originó la crisis.

 Alentarla a una acción positiva.

 Con prudencia comunicarse con alguien que pueda ayudar.

 Implicar a la familia y amigos, siempre que sean contenedores.

 Aconsejar ayuda profesional inmediata.

Lo que NO se sugiere:

 Pronunciar juicios moralizantes: “No, mujer, ¿ por qué lo hiciste? ¿Hombre, no pensaste en tus hijos...?”.

 Mostrar gestos llamativos de sorpresa y rechazo.

 Discutir y hacer de predicador.

 Ser solucionador de todos sus problemas.

 Hacerse responsable de sus responsabilidades.

Entablar relaciones paternalistas o infantilizantes con la persona afectada.

Disminuir la gravedad del asunto.

Querer evitarle el sufrimiento, superficializando el hecho.

 Comparar el dolor que expresa la persona con nuestros anteriores sufrimientos.

 Hacer de “policía", investigando toda su vida con montones de preguntas.

 Mantener una actitud puramente consoladora.

 Dar "recetas” rápidas y mágicas.

 En caso de emergencia

Si la persona llama por teléfono diciendo que, por ejemplo, ya tomo pastillas, abrió el gas o tiene un arma en sus manos, ¿cómo actuar?:

 Abordarla con una serena actitud de escucha utilizando frases empáticas de relación de ayuda: “Vas a salir adelante. Te vamos a ayudar”. “Siento que estás muy mal. Cuenta conmigo...”.

 Preguntar prontamente por las circunstancias concretas, cual es su nombre y donde vive, para poder avisar de inmediato a los servicios de emergencia correspondientes, si fuera necesario.

 Insistir con mucho tacto y ternura, a la vez que con decisión y firmeza, que nos cuente sus problemas, que se desahogue, para serenarse y descomprimirse.

 Reiterarle que va a encontrar ayuda y solución a su problema transitorio, y que ya cesará de sufrir.

La madre de Judas: Un hombre justo, el hijo de Dios, Jesús de Nazaret, que "pasó haciendo el bien" (Hech. 10, 38), está clavado en la cruz. Ha sido acusado de blasfemia por el Sanedrín y ejecutado por el poder de Roma, bajo la acusación de "Rey de los Judíos" (Mt. 27, 37). Una mujer, que es madre, sube apesadumbrada hacia el Calvario. Sus ojos están llorosos, su rostro triste, su alma compungida, su corazón en duelo. Su hijo acaba de ahorcarse. Es la madre de Judas.

El suicidio de un hijo es un volcán devastador. El yo existencial salta en pedazos. La luz que orienta la propia vida sucumbe a las tinieblas. La esperanza naufraga en la desesperación. Es como si un trozo de la propia carne saltara del cuerpo. Esta madre arrastra, en la cuesta del Calvario, un sufrimiento doble, porque las madres sufren doblemente, por ellas y por los hijos. La imagen negra del suicidio no da pasos a los buenos recuerdos del hijo.

Y esta mujer anónima, aunque nunca es anónimo el amor de una madre, tiene agrietada su conciencia ya que las madres sufren también por la conciencia de sus hijos. Una angustiosa pregunta martillea su corazón: "Dios perdonará a mi hijo?".

Esta mujer se va acercando al lugar del suplicio de Jesús. Siente que le cuesta caminar. ¿Acaso teme mirar a los ojos de aquel crucificado a quien su hijo dio un beso de traición?

Y se refugia en el pasado para cancelar el presente. La voz del hijo resuena dentro de sus entrañas:

- Viste, madre, Jesús me miró y dijo: "Sígueme".

- Madre, Jesús me nombró el tesorero del grupo. Me tiene confianza.

- Que bondad la de Jesús con la gente de nuestro pueblo, toca hasta los leprosos!

El corazón de madre tiembla ante nuevos ecos de su hijo:

- Este Jesús no nos entiende, sana a gente que nos oprime (cfr. Mt. 8, 5-13), no va por nuestros caminos. Va a terminar mal y no quiere reaccionar con energía. ¿Que será de nosotros sus seguidores? ¿Que será de nuestro pueblo oprimido?

La madre ya se acerca a la cruz, esa tremenda torpeza de la libertad humana contra Dios. De su pecho afligido únicamente sale una sola petición de perdón, porque las madres piden perdón por ellas y por sus hijos.

- Jesús, a quien tú diste un bocado, signo de tu amistad y benevolencia, concédele tu misericordia.

La mujer no levanta la cabeza. Al fin se anima. Los ojos de Jesús se clavan sobre ella. Tiembla, pero comprueba que es mirada de comprensión.

La mujer mira a la otra madre, María, y musita: - Jesús, por tu sangre y por tu madre, te suplico...

El crucificado volvió la cabeza y exclamó:

- Padre, perdónalos, no saben lo que hacen (Lc. 23, 24).

 

LINEA  S.O.S.  MI ESPERANZA    (03492) 450300

(Diócesis de Rafaela)

UN CORAZÓN SOLIDARIO PARA ESCUCHARTE

 

El teléfono S.O.S. MI ESPERANZA es una mano tendida a toda persona con problemas de depresión, angustia, tristeza, soledad, que pueda llevarlas a situaciones límites. Si bien esta inserto en el seno de la pastoral de la salud, su servicio está abierto a todos, sin ningún tipo de distinción religiosa, social o racial.

Es una entidad sin fines de lucro, formada por un grupo de voluntarios, dispuestos a escuchar, acompañar, orientar y ayudar a aquellos que han perdido toda esperanza en la vida; y con la certeza de que todo ser humano tiene en si, las armas para hallar felicidad, aún en el medio del sufrimiento. esta entidad considera que su lema es: "BRINDAR UN OIDO ATENTO y UN CORAZÓN ABIERTO A LOS QUE SUFREN".

 

Caracterización del servicio

La LÍNEA S.O.S. MI ESPERANZA brindará contención emocional, mediante la escucha telefónica, a todos aquellos que atraviesan situaciones de crisis. También se brindará información y pautas que posibiliten la prevención de ideas o intentos de suicidio.

El servicio tiene la característica de ser únicamente telefónico y ha de preservar el anonimato, ya sea del voluntario como del consultante.

Esta línea ha de servir como puente con otras instituciones encargadas de problemáticas puntuales, como el alcoholismo, violencia familiar, etc.

Además, en casos de urgencias que resulten de crisis en curso, se ha de trabajar con el 107 (correspondiente a Emergencias), Comando Radioeléctrico, Cuerpo de Bomberos y Comisaría de la Mujer.

 

Grupo de contención

Servicio Personal: este es un servicio de encuentro personal, grupales para aquellas personas que no les importe perder parte del anonimato. (funciona lunes a partir de las 21,00 hs. en Parroquia Ntra. Sra. de Guadalupe

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